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Mostrando entradas con la etiqueta Niños índigo. Mostrar todas las entradas
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sábado, 7 de noviembre de 2009


 

Los niños índigo

Son muchos, y están naciendo cada vez más por todo el planeta. Los expertos dicen que son uno más de los, signos de la Nueva Era, cuando la humanidad está a punto de entrar a un plano de existencia más espiritual y alejado de los valores materiales y de los cánones y creencias que han regido nuestro destino desde hace miles de años.
Son distintos, especiales. Asombrosos A veces pueden irritamos, en ocasiones asombrarnos, pero siempre ejercerán, sobre quienes les rodean, una especie de fascinación. Son los niños índigo, los primeros representantes, tal vez, de una raza humana más evolucionada. Un fenómeno, en el sentido positivo de la palabra, del que el mundo está siendo testigo, y del que se tiene cada vez más conciencia.
A veces se les confunde con los niños hiperactivos, pero los niños índigo no siempre padecen del Síndrome de Deficiencia de Atención e Hiperactividad. Porque hay varios tipos de niños índigo: algunos callados y sensibles, otros creativos y brillantes, y si, los hay que son como una gran bola de energía, incansable y bruscos, pero también encantadores e inteligentes.

¿Qué es un niño índigo, y como poder distinguirlo de los demás? ¿Por qué se les llama de esta manera? ¿Son un milagro? ¿Una señal? ¿Un accidente de la naturaleza? ¿Cómo educarlos, cómo comunicarse con ellos, cómo comprenderlos? ¿Cómo tratarlos para no apagar su maravilloso, espíritu brillante, ni convertirlos en adultos hostiles, frustrados y antisociales?

Al parecer, tenemos en las manos un nuevo, resplandeciente tesoro, que ha comenzado a manifestarse desde los ochenta, la penúltima década del segundo milenio. Lo cual quiere decir que ya existen muchos adultos índigo. Quizás usted mismo sea uno de ellos, y no lo sabe. O sus hijos. Porque esto no es cuestión de herencia, sino de evolución espiritual.

El objetivo de esta publicación es adentrarnos, en una forma amena y sencilla, en ese universo especial constituido por los niños índigo, para poder comenzar a aceptarnos como parte de una realidad que ya no puede negarse, y que requiere de nuevos valores y nuevas reglas. Porque los índigo están aquí para cambiar las cosas, para mejorarlas, para dar a la raza humana una nueva oportunidad. Todo es cuestión de que sepamos aprovecharlas.




 

Test: ¿Es su hijo un niño índigo?

Para descubrirlo, hágase estas preguntas, y respóndalas con honestidad:
  1. ¿Desde bebé parece considerarse como miembro de una familia real, por ejemplo un rey, una reina o una princesa?
  2. ¿Tiene un sentimiento de merecer estar aquí y ahora?
  3. ¿Sabe muy bien quien es, y que es valioso?
  4. ¿Tiene dificultades con la disciplina y la autoridad?
  5. ¿Se niega hacer ciertas cosas que se le ordenan?
  6. ¿Es para su hijo una tortura esperar haciendo colas?
  7. ¿Se siente frustrado hacia sistemas estructurados y rutinarios que exigen poca creatividad?
  8. ¿Encuentra mejores maneras de hacer las cosas que las que sugieren en la casa o la escuela?
  9. ¿No se conforma con lo establecido, y siempre quiere cambiar las cosas?
10. ¿Se niega a ceder a la manipulación o el manejo mediante el uso de la culpa?
11. ¿Se aburre fácilmente con las tareas que se le asignan?
12. ¿Tiene síntomas de Desorden de Atención o hiperactividad?
13. ¿Es muy intuitivo, como que presiente las cosas?
14. ¿Es particularmente creativo?
15. ¿Demuestra simpatía o preocupación por los demás?
16. ¿Desarrollo pensamiento abstracto a muy temprana edad?
17. ¿Es muy inteligente y/o dotado?
18. ¿Ha descubierto en su hijo la tendencia a soñar despierto?
19. ¿Tiene su hijo una mirada profunda y sabia?
20. ¿Manifiesta pensamientos o conceptos espirituales con toda naturalidad?
21. ¿Habla de sus vidas pasadas, o de otros mundos como si hubiera vivido en ellos?
22. ¿Expresa conceptos, ideas y sentimientos que son avanzados para su edad?
23. ¿Parece saber cosas que nadie le ha enseñado?
24. ¿Puede aliviar el dolor ajeno con sólo poner su manita en el sitio lastimado?
25. ¿Habla frecuentemente de tener un amigo o amiga imaginario?
Si usted ha respondido afirmativamente a por lo menos 10 de estas preguntas, su hijo o hija probablemente sea un índigo. Si son más de 15 respuestas positivas, casi definitivamente lo es.




 

Niños índigo (La Era de Acuario)

Los astrólogos del mundo están convencidos de que la evolución del espíritu humano ha pasado por varios ciclos, que corresponden a los signos del zodiaco, y que duran, cada uno, entre 2,000 y 2,400 años.

La mayoría esta de acuerdo en que nos estamos acercando ya al final de la era de Piscis, llamada también la era de la Espada, caracterizada por grandes conflictos y problemas entre los seres humanos.

Durante la era de piscis, la ignorancia del hombre con respecto a su potencial espiritual evito que desarrollara todas sus habilidades creativas; su falta de autoestima lo hizo de que dirán y de las opiniones de los demás, y su temor a lo desconocido no permitió que explorara nuevas ideas, o que incluso se asociara o se relacionara con cualquiera que pudiera tener una perspectiva diferente de la vida.

La era de Piscis, también llamada de la racionalidad, ha sido una época de grandes contrastes entre los avances tecnológicos y el retroceso en la espiritualidad del hombre. La cultura oriental la asocia con el yang, es decir, con el predominio de la mente sobre el alma, la agresividad, la acción y la alta tecnología. Se ha hecho más énfasis en la globalización que en el individuo y, sin embargo, en esta “edad de la comunicación”, las naciones, y los seres humanos, están mas lejos que nunca uno del otro, y la incomprensión y la violencia son mayores que nunca.

Pero todo eso está por terminar, porque la humanidad se encamina ya hacia una nueva era, la de Acuario, que se caracterizará por un alto nivel de conciencia cósmica y espiritual, y estará relacionada con el principio Yin, que es la pasividad, la creatividad, la pacificación.

Esta nueva etapa de nuestro desarrollo como seres espirituales nos ayudara a romper con la barrera de la ignorancia, a aumentar nuestra autoestima, a superar nuestros miedos y a ser, por primera vez en nuestra historia, realmente libres. Al poder explorar sin restricciones nuestra propia naturaleza interior, el mundo que nos rodea, y el alma de otros seres humanos, seremos capaces de lograr increíbles avances en el conocimiento de nosotros mismos como individuos y como especie, podremos sumergirnos en el Amor Universal.

Así, la era de Acuario se conoce también como la Nueva era y su proximidad ha generado ya, desde los años sesenta, toda una revolución cultural y espiritual, un movimiento de retorno a lo básico y a la naturaleza, que ha recibido el nombre genérico de New Age.

En realidad, el término “New Age” o “Nueva Era” se deriva de la astrología, e indica que no solo la tierra, sino todo el cosmos, esta al borde de una transición evolutiva hacia la era de Acuario, donde habrá armonía entre todos los seres y todas las cosas. Experimentaremos en carne y alma propias la realidad de que formamos parte de una conciencia cósmica y universal.

Los astrólogos no se ponen de acuerdo sobre cuando comenzara la era de Acuario. Los cálculos indican que se inicia en el siglo 27, es decir aproximadamente a mediados o afínales del 2600. Parece un acontecimiento lejano, pero en el calendario cósmico, en el que nuestra vida como especie apenas ocupa los últimos segundos, es realmente muy poco tiempo.

Porque cuando una era esta terminando, y otra esta por empezar, comienzan a darse trasformaciones y señales que nos indican que las cosas están próximas a cambiar, y que debemos prepararnos para romper nuestras viejas ataduras y volar hacia nuevos horizontes.

Desde los cambios climáticos hasta el surgimiento de una nueva conciencia ecológica; desde las convulsiones políticas y sociales de un sistema que agoniza hasta la aparición del movimiento New Age; desde los grandes avances médicos por un lado, y el retorno a la medicina alternativa y natural por el otro; todas estas son señales de la inminencia del cambio.

Sin embargo, quizás una de las señales mas significativas de los Nuevos Tiempos sea la aparición, desde principios de la década de 1980, de los que se podría clasificar como un nuevo tipo de seres humanos, una autentica nueva raza de seres espiritualmente mucho mas evolucionados que nosotros, y que han recibido el nombre de niños índigo, niños de la Luz, niños del tercer milenio, niños de La Nueva Era de Acuario.



 

Niños índigo (Un aura azul)

 
La nueva generación de la especie humana esta formada por seres especiales, tan terrenales como sus padres, pero con un grado mucho más alto de desarrollo espiritual.
Bautizados universal y científicamente como niños índigo, su personalidad y espíritu distintos se aprecian en la fuerza y el color de su aura.

El aura humana es campo magnético que rodea cada individuo, y que refleja la luz en diversas longitudes de onda, o colores. Aunque los colores del aura cambian constantemente según nuestro estado emocional, nuestro estado de salud, nuestro estado de desarrollo espiritual y nuestras circunstancias presentes, hay un color predominante, que determina nuestra forma de ser. Las tonalidades van del rojo intenso (carácter fuerte y personalidad activa), hasta el blanco (espiritual en extremo). El índigo, o azul intenso, posee cualidades como intelectualidad, buena memoria, sensibilidad e intuición.

Así, el termino “niños índigo” proviene de la tonalidad dominante en el aura de estos pequeños. La primera en identificarla fue la autora Nancy Ann Tappe, quien escribió un libro llamado “Understanding Your Life Through Color” (Entendiendo tu vida a través del color), en donde aparecieron los primeros datos acerca de lo que ella llamó “El fenómeno índigo”.

De esta manera, podemos saber que estos niños tienen la capacidad de ver más allá de los espectros de la luz, escuchar todo tipo de sonidos, incluso el de su propio flujo sanguíneo, y presentan una notable hipersensibilidad en la piel. Su aura tiende a reflejarse dentro de los colores azules, manifestando la utilización de centros energéticos superiores.

Cada niño índigo será un detonante del cambio, y hará todo lo necesario para que esta sociedad se transforme radicalmente.

El aura y los chakras
De acuerdo con la medicina tradicional china, nuestro cuerpo esta formado por energía eléctrica y energía magnética. Cada uno de nosotros esta rodeado por un campo electromagnético formado por 72,000 canales de conexión, que interactúan formando nuestro entramado energético.
El punto donde coincide todo este entramado energético o aura es sobre la línea media imaginaria de nuestro cuerpo, configurando lo que se llaman los vértices energéticos o chakras. Casi todos los sistemas de sanación de la medicina tradicional china, como la acupuntura y la digitopuntura, se basan en este sistema de vórtices energéticos.
El ser humano posee siete chakras distribuidos a lo largo del cuerpo, y que son:

Maladhara Chakra
El primer chakra, que también se conoce como Chakra Basal o Chakra de Saturno, se halla en la base del cóccix, en la parte baja de la espina dorsal. Es el centro de la vitalidad física y de la energía. Su elemento es la tierra, su símbolo es el cuadrado, su metal el plomo. Domina el sentido del olor, su sonido es LA y su color es rojo.
Es el chakra fundamental, y recibe una energía primaria que emite cuatro radios; y por lo tanto dispone sus ondulaciones de modo que parezca dividida en cuadrantes alternativamente rojos y anaranjados con huecos entre ellos, de lo que resulta como si estuvieran señalados con el signo de la cruz, y por ello se suele emplear la cruz como símbolo de este centro. Cuando actúa vigorosamente, es de color rojianaranjado, en intima correspondencia con el tipo de vitalidad que le transfiere el segundo chakra.

Svadhishthana Chakra
El segundo chakra, conocido también como el Chakra de Júpiter, Chakra Sacral o Chakra Sexual, esta ubicado cerca de los genitales. Es el centro de la sexualidad, la pasión, y la creación de la vida. Controla las glándulas sexuales y se relaciona con el planeta Júpiter; su elemento es agua, el sentido que domina es el sabor, su metal es el estaño, su símbolo la pirámide sin punta (o truncada), su color es anaranjado y su sonido es BA.
Sus colores son rojo, anaranjado, amarillo, verde azul y violeta; es decir, los mismos colores del espectro solar, menos el índigo.

Manipura Chakra
El Chakra de Marte, o Chakra del Plexo Solar, es el tercero, y esta ubicado dos dedos por arriba del ombligo. Es el centro de la verdadera energía, de la fuerza de voluntad y de nuestro sentido de identidad. Se supone que esta involucrado en los procesos digestivos, y distribuye la fuerza vital por todas las partes del cuerpo. Su planeta es Marte, el planeta combativo; su color, el amarillo, el hierro su metal, el sentido que domina, la vista, su símbolo, el circulo, su elemento, el fuego y su sonido es RA. Controla al páncreas.
Su color predominante esta formado de matices rojos, aunque también contiene mucha parte de verde.

Anahata Chakra
El cuarto es el Chakra del Corazón, o Chakra de Venus. Se ubica en el centro del pecho y es el centro de la compasión, del amor y de la devoción. Anahata Chakra esta influenciado por Venus, el planeta del amor; su electo es el aire, el sentido que domina es el tacto, su metal es el cobre, su símbolo la cruz y su color el verde. Su sonido es YAM.
Este chakra es de brillante color oro, y cada uno de sus cuadrantes esta dividido en tres partes, por lo que tiene doce ondulaciones, pues su energía primaria se subdivide en doce radios.

Vishuddha Chakra
También se le conoce como el Chakra de Mercurio, o el Chakra de la Garganta, porque ahí es donde se ubica. Es el quinto chakra, y es el centro de la comunicación, de la manera como nos relacionamos con otros y como nos expresamos a nosotros mismos en el mundo. Esta influenciado por el planeta Mercurio, su elemento es el éter, el sentido que domina es el oído, su metal es el mercurio, su símbolo el cáliz, su color es azul cielo, y su sonido JA.
Aunque hay bastante azul en su color, el tono predominante es el argéntico brillante, parecido al fulgor de la luz de la luna. En sus radios predominan alternativamente el azul y el verde.
Los dos últimos chakras, el sexto y el séptimo, son nuestros chakras espirituales y son:

Ajna Chakra
Es el sexto chakra y se le llama también el Chakra Solar o Chakra del Tercer Ojo, porque se supone que ahí, entre las cejas tenemos el tercer ojo gracias al cual podemos estar en contacto con los planos astrales y espirituales. Es el centro mismo de la imaginación, la concentración y la intuición. También puede desarrollar la clarividencia y la telepatía. Esta influenciado por el sol y por la luna, sus metales son el oro y la plata, su color indigo, y su sonido es AH. Esta por encima de los cinco sentidos del mundo material, y por eso no tiene sentido al que domine, ni tampoco elemento.

Sahasrara Chakra
El séptimo y último chakra, que esta ubicado en la parte superior de la cabeza, se llama también el Chakra del Loto de los Mil Pétalos, o Chakra de la coronilla. Es el centro de la autorrealización, la perspectiva, la unidad y la iluminación. Es vital porque gracias a el se logra la conciencia cósmica y la unión con Dios. Esta, claro, muy por arriba de los cinco sentidos, de los elementos, los planetas y los metales. Su color es el ultravioleta, su sonido es OHM, y su símbolo es la flor de loto, por aquello de que sus raíces están en el lodo (el primer chakra), su tallo en el agua (las emociones, representadas por el cuarto chakra), y sus pétalos abiertos hacia la energía del infinito.
Este chakra es el mas refulgente de todos cuando esta en plena actividad, pues ofrece abundancia de indescriptibles efectos cromáticos y vibra con casi inconcebible rapidez. Parece que contiene en conjunto dos matices del espectro, aunque en conjunto predomina el violeta.

El Chakra de los niños índigo
En el lenguaje de la Nueva Era, la frecuencia aurica color índigo corresponde al sexto chakra, que controla a ambos hemisferios cerebrales, es decir. La mente, el sistema nervioso, el intelecto y desarrollo psíquico. Si tradujésemos en color el chakra del entrecejo, que unifica las cualidades del hemisferio derecho y del hemisferio izquierdo, veríamos que tiene el color índigo, azul cobalto. Los llamados “niños índigo” nacen con ese vértice energético abierto y naturalmente estimulado, y en ellos, las cualidades de ambos hemisferios cerebrales están más desarrolladas de lo normal.

Nuestra capacidad cerebral no solamente abarca nuestro hemisferio izquierdeo, que es nuestra parte racional, practica e intelectual, sino también a nuestro hemisferio derecho, con todo su potencial y cualidades creativas, intuitivas y emocionales; es la parte de nosotros que esta consiente de realidades mas allá de lo que ven nuestros ojos, o tocan nuestras manos, o percibimos con el resto de los sentidos. Uniendo las capacidades de nuestros dos hemisferios, nos hacen funcionar como un ente pensante y sensible, pero también perceptivo y consciente de cuestiones que la mente racional rechaza pero que son verdad aunque no lo creamos.

El niño índigo, el adolescente índigo o el adulto índigo tiene tan integradas estas capacidades, que para ellos es completamente normal y natural el saberse de otros planos, de otros planetas, saberse en contacto con seres de naturaleza como hadas… Ver y sentir a los ángeles, saber que la muerte solo es una manera de nacer a otra realidad. Y este tipo de información, que para ellos es natural, puede causar temor en algunos padres, al grado de que intentan bloquearla. Y lo cierto es que la mayoría de nosotros, cuando éramos pequeños, hablábamos de ángeles, de hadas, de otras vidas, es decir, éramos mas espirituales y cósmicamente abiertos de lo que recordamos.

Gracias a su aura azul, los niños índigo pueden poseer de manera natural grandes dosis de intuición, que se demuestra en el desarrollo de la telepatía, cualidades para predecir el futuro, y hasta reconocer la presencia de seres etéreos como ángeles, hadas y duendes a su alrededor. Además, la mayoría de ellos llega al mundo con el don de la sanación.

Si, estos benditos niños índigo son sanadores por excelencia; tienen la capacidad de drenar, equilibrar y elevar la energía de quienes los rodean. Su frecuencia vibratoria y la viveza de su campo energético les permiten sanar utilizando solamente su energía. Al principio ellos no saben que pueden hacerlo, pero lo tienen en la conciencia, y actúan instintivamente para tratar de remediar el mal ajeno.

El niño índigo es aquel que se acerca para tratar de consolar a otro pequeño que llora, el que muestra compasión por un cachorrito herido, el que pone espontáneamente la mano en la cabeza de su abuelo cuando este se queja de dolor y, sorpresivamente, hace desaparecer toda molestia. Esta faceta de sanación es una característica sobre saliente en los niños de la Nueva Era.



 

¿Qué es un niño índigo

Un niño índigo es aquel que presenta una nueva y poco usual serie de atributos psicológicos, con un patrón de conducta que todavía no ha sido documentado en su totalidad. Este patrón tiene factores comunes y únicos que sugieren a quienes interactúan con los niños, principalmente sus padres, que deben cambiar la forma de tratarlos y de criarlos para poder lograr un equilibrio adecuado. Ignorar estos nuevos patrones de comportamiento es crear desequilibrio y gran frustración potenciales en la mente de estas preciosas nuevas vidas.

Los niños índigo nacen en cualquier clase socioeconómica y se caracterizan, básicamente, por poseer un nuevo estado de conciencia. Poseen un coeficiente intelectual superior al de su generación, y una amplia capacidad de memoria; emplean en todo momento el razonamiento y es en base a éste como se comunican con el mundo; constantemente encuentran maneras de mejorar las cosas que hacen, tanto en el hogar como en la escuela. Son muy creativos, se aburren fácilmente con trabajos monótonos, pueden efectuar varias actividades al mismo tiempo y desarrollan formas de pensamiento más complejas, que no corresponden a su edad.

Pero, además, son niños y niñas con cualidades psíquicas, es decir, son intuitivos y tienen percepciones sobre el estado de ánimo de quien está con ellos, además de que son visionarios y soñadores, y tienen problemas con la disciplina y la autoridad, razón por la cual a veces, cuando son incomprendidos, se les califica de problemáticos. Pero lo cierto es que suelen ser muy compasivos y tienen miedos comunes a todos los niños, como a la muerte y a la pérdida de sus seres queridos; y si experimentan fracasos o decepción a edades muy tempranas, pueden desistir de su misión y desarrollar un bloqueo permanente

Un niño índigo es un ser independiente, con una forma de pensar autónoma, tanto como lo es él. No se deja influenciar fácilmente, cuestiona todo lo que pasa a su alrededor. Y no se adapta a los ritmos establecidos, sobre todo cuando se rompen sus ritmos biológicos naturales. Es un ser metódico y muy apegado a las rutinas.
También es muy sensible y se identifica fácilmente con los sentimientos de los demás, es decir, la empatía es una de sus cualidades naturales. Puede ser muy extrovertido, aunque si no encuentra comprensión a su alrededor será muy introvertido y sólo se relacionará bien con personas de sus mismas características, o que comprendan y desarrollen empatía con su muy especial forma de ser.

Características para identificar a los niños

Los niños de la Nueva Era presentan algunos patrones de conducta que pueden distinguirlos de los otros niños:

• Son muy sensibles.
• Tienen energía en exceso, que necesitan expresar, pero la paz retorna al niño después de un berrinche.
• Se distraen fácilmente o tienen baja capacidad de concentración.
• Necesitan adultos emocionalmente estables y seguros a su alrededor.
• Se resisten a la autoridad si ésta no es democrática. Tienen dificultad para aceptar una autoridad absoluta sin ninguna explicación y sin que se les dé alternativa.
• Odian las injusticias.
• Prefieren otras formas de aprendizaje, en particular la lectura y las matemáticas. Son ávidos de saber.
• Pueden frustrarse fácilmente porque tienen grandes ideas, pero pocos recursos o personas dispuestas a ayudarles a realizarlas.
• Aprenden explorando y se resisten a memorizar mecánicamente o a ser meros oyentes.
• A menudo hacen preguntas que los maestros no pueden contestar. Suelen ser los respondones en clase.
• No duran mucho sentados, a menos que estén absortos en un tema que les interese.
• Se mueven constantemente,- porque eso les ayuda a pensar.
• Son compasivos. Desarrollan empatía con el sufrimiento de los demás.
• Si experimentan fracasos o decepción a edad muy temprana, pueden desarrollar un bloqueo permanente.
• Ellos vienen a este mundo con un sentimiento de ser muy importantes (y frecuentemente se comportan de ese modo).
• Ellos tienen la sensación de “merecer estar aquí” y se sorprenden cuando otros no comparten eso.
• La autoestima no es para los niños índigo un gran tema de preocupación. Con frecuencia les dicen a sus padres “quiénes son ellos”.
• Son personas muy intensas en sus sentimientos y emociones.
• Les encantan las conversaciones intensas, dinámicas e intelectuales.
• Les gusta estar con los adultos.
• Hay ciertas cosas que simplemente no harán; por ejemplo, esperar en una fila es muy difícil para ellos.
• Se frustran con sistemas rituales que no requieren pensamiento creativo. Con frecuencia encuentran mejores formas de hacer las cosas, tanto en casa como en la escuela, lo que los hace parecer rebeldes, inconformes con cualquier sistema.
• Su energía hace que los cambios sean más rápidos, provocando rupturas de patrones antiguos o no válidos por donde quiera que vayan.
• Son rompedores de sistemas, tanto educativos como sociales y culturales que están obsoletos.
• Parecen antisociales a menos que se encuentren entre niños de su misma clase. Si no hay otros con un nivel de conciencia similar, a menudo se tornan introvertidos, sintiendo que ningún ser humano los entiende. La escuela a menudo es muy difícil para ellos desde el punto de vista social.
• En general, prefieren relacionarse con un solo amiguito o amiguita, o bien con un grupo reducido de amistades; conservarán esta tendencia toda la vida.
• Ellos no son tímidos a la hora de expresarle a usted lo que necesitan.
• No responderán a las amenazas ni a la llamada disciplina de “culpa” (“espera que tu padre llegue a casa y se entere de lo que has hecho”).
• Pueden hablar con naturalidad acerca de sus vidas pasadas.
• Aprenden sólo lo básico de todo aquello que no sea primordial para ellos y si el tema les interesa lo aprenden por completo, sin esfuerzo alguno.
• Aman la naturaleza.
• Cuidan a todos los miembros de la familia.
• Entienden la vida como algo muy serio.
• A veces, usted tendrá la impresión de que son almas viejas y sabias en el cuerpo de niños. Y realmente es así.

Cambios físicos internos

Todavía no se han realizado muchos estudios sobre los niños índigo, pero los que se han efectuado han revelado dos características sorprendentes que son sólo suyas. La primera es a nivel cerebral, y la segunda en su ADN.

El cerebro índigo

En la mayoría de los seres humanos predomina el uso de uno de los dos hemisferios cerebrales, el derecho o el izquierdo. Como ya dijimos antes, el cerebro índigo usa ambos hemisferios y por eso estos niños pueden ser tan prácticos como creativos. Esto significa que ellos van más allá del plano intelectual, y se enfocan mucho hacia el plano de la acción. Ellos exigen del ambiente que los rodean ciertas características que no son comunes ni auténticas en las sociedades actuales.

El ADN de un índigo

Existe evidencia científica de que, en los niños índigo, se da la activación de 4 códigos más en el ADN. Lo normal en los humanos es tener cuatro núcleos que, combinados en grupos de tres, producen 64 patrones diferentes, llamados códigos genéticos. Los humanos tenemos 20 de esos códigos activados que proporcionan toda la información genética, exceptuando tres códigos, que son los que activan y desactivan los genes, los que les dan la orden de arrancar y parar como si el organismo fuese una computadora.
Hasta ahora, la ciencia ha considerado estos códigos desactivados como programas remotos que hasta hoy no habíamos necesitado. Pero aparentemente los niños índigo nacen con un potencial de activación de cuatro códigos más, que se denota en un claro fortalecimiento del sistema inmunológico, por lo que parecen ser más resistentes a las infecciones y a las enfermedades.

Esto se demostró mediante estudios realizados en la Universidad de California (UCLA). Algunos de estos experimentos consistieron en mezclar células de niños índigo con dosis letales de virus de SIDA y con células cancerosas, que no tuvieron efecto alguno en las células de los infantes de aura azul.



 

Tipos de niños índigo

Hay cuatro tipos diferentes de índigo, y cada uno de los cuales viene a este mundo con un propósito. Es importante destacar que un niño índigo presentará sólo una de las personalidades que se describen a continuación, y no desarrollará dos o más.

El humanista

El primero es el índigo humanista, que está destinado a trabajar con las masas. Serán los médicos, abogados, profesores, comerciantes, ejecutivos y políticos del mañana.
El humanista con frecuencia es hiperactivo y torpe, algunas veces se estrellará contra una pared en su bicicleta porque olvidó poner los frenos; esto es porque no está bien conectado con su cuerpo. Los índigos humanistas no saben cómo jugar con un juguete, pero le sacarán todas las partes que contenga y probablemente después no lo volverán a tocar.

Son el tipo de persona al que hay que recordarles las cosas permanentemente, porque a menudo se olvidan de las órdenes simples y se distraen. Suelen dispersarse Fácilmente y hacer varias cosas a la vez.

Son extremadamente sociables, hablarán con todo el mundo, siempre en forma muy amigable. Tienen ideas muy propias, que defenderán con pasión.
El índigo humanista es quizás el más ligado a la naturaleza, y se relacionará fácilmente con los animales y plantas, con el medio ambiente y todo lo que le rodea. Se siente indignado y lastimado por las injusticias, y querrá defender a todos y cuidarlos. Si el mundo externo se porta demasiado mal con él, y siente que las cosas le rebasan, se retirará a su propio mundo.

Algo importante con los índigos humanistas: no es una buena idea juzgarles ni cuestionarles.
A los índigos humanistas les corresponderá velar por los aspectos sociales y ambientales del nuevo mundo.

Cómo reconocerlo

• Puede ser hiperactivo, o bien hipoactivo, es decir, demasiado pacífico y tranquilo, al grado de parecer a veces indolente.
• Es tremendamente social: ama a todos, aun que sus amigos íntimos serán muy pocos.
• Tiene una marcada opinión propia.
• Puede tener tendencias bipolares: pasar de la euforia a la depresión.
• Es muy consciente de la ecología y el cuidado del medio ambiente.
• Da poco valor a las cosas materiales, así que tiende a perderlas. Por ejemplo: quizás usted tenga que comprarle varios suéteres de la escuela durante el año, por ejemplo.
• No está muy conectado con su cuerpo físico, por lo que suele ser torpe.
• Después de un periodo de hiperactividad, necesita rodearse de paz para volver a centrarse.
• Es frecuente que se sienta incomprendido o poco reconocido.
• Como es muy sensible, puede ser también muy irritable.
• Le encanta hablar con todo el mundo. Esto puede hacer que se olvide del tiempo y de lo que tiene que hacer.
• Suele estar siempre preocupado por algo, y no es raro que tenga dolores de cabeza.
• Le encantan los libros, así que puede convenirse desde pequeño en tina rata de biblioteca.
• La computadora ejerce sobre él una gran atracción; se pasará horas jugando con ella.
• Es distraído y soñador. Puede hablar de “su mundo” y describirlo en vívidos colores.
• Suele ser imparcial.
• Puede tender a auto castigarse si considera que ha hecho algo incorrecto.
• Exige, ante todo, honestidad por parte de los demás.

El conceptual

Los índigos conceptualistas están más interesados en los proyectos que en las personas. Ellos serán los ingenieros, arquitectos, diseñadores, astronautas, pilotos y militares del mañana.

Tienen un gran afán investigador y facilidad para desarrollar ideas y nuevos conceptos. Funcionan a su propio ritmo, y no tiene caso apresurarles. No son torpes, por el contrario, son niños muy atléticos y con gran coordinación motora. Tienen gran destreza física y notables cualidades de liderazgo, aunque no están orientados a lograr el éxito tal y como lo conocemos, sino hacia su propia realización.
Son controladores y a quien más tratan de controlar es a su madre si son niños, y a su padre si son niñas.

Este tipo de índigo tiene tendencia a la adicción, especialmente a las drogas durante la adolescencia, cosa que hay que cuidar. Sus padres deben vigilar estrechamente sus patrones de comportamiento.
Son pulcros, ordenados y cuidan mucho lo que comen (por ningún motivo aceptan carne en su dieta).

Los índigos conceptualistas se encargarán de las soluciones tecnológicas y de los avances científicos del mañana.

Cómo reconocerlo:

• Le es más fácil ver el todo que las partes que lo integran. Así, puede desarrollar una idea, pero descuidará los detalles.
• Es el típico niño que desarmará el juguete nuevo para ver lo que contiene y cómo funciona.
• Adora los aparatos eléctricos y, por supuesto, las computadoras.
• Así como quiere saber el porqué de las cosas, querrá saber también el porqué de las situaciones.
• Le encanta esconder cosas y tener secretos.
• Prefiere tener siempre el control, mismo que tratará de ejercer primero con sus padres y después con sus maestros.
• Tiene facilidad para encontrar nuevas soluciones a viejos problemas.
• Se siente más seguro cuando las reglas son claras y se establecen rutinas y procedimientos.
• No está muy en contacto con su lado emocional profundo, así que a veces parecerá imperturbable, pero no se engañe: es un índigo, así que es sensible y emotivo, aunque no lo demuestre.
• Sus ideas y opiniones suelen entrar en conflicto con las de los demás, razón por la cual es frecuente que se sienta rechazado e incomprendido. En casos extremos, puede actuar con violencia, como por ejemplo haciendo grandes berrinches, pero rara vez será agresivo física o verbalmente con los demás, especialmente si son más débiles que él.
• Se aburre fácilmente en el colegio, sobre todo si éste tiene sistemas de enseñanza demasiado convencionales y rígidos.

El artista

El índigo artista es mucho más sensible que los otros niños, y su cuerpo a menudo es más pequeño, aunque eso no es una regla general. Pero si su físico es de aspecto delicado, su alma en cambio es fuerte y de gran resistencia.

Estos niños están más inclinados hacia el arte, son muy creativos y serán los profesores y artistas del mañana. Sea lo que sea a lo que se dediquen, siempre estarán orientados hacia el lado creativo. Dentro del campo de la medicina, serán cirujanos o investigadores. En el campo del teatro, serán los actores.

Entre los 4 y los 10 años, pueden involucrarse en hasta quince actividades creativas diferentes, le dedicarán cinco minutos a una y luego la abandonarán. Y ya desde esa corta edad, pueden intentar tocar diversos instrumentos musicales, porque la música será para ellos una fascinación constante. Pueden elegir su camino definitivo ya en la adolescencia.

Un índigo artista es quizá el que más recuerdos tiene de sus vidas pasadas. Posee también una voluntad de hierro y sabe utilizarla, porque generalmente consigue lo que quiere.

Como es artista, tiene problemas para comprender una lógica demasiado rígida, así que tampoco tolerará que le impongan nada. Por su parte, es muy consistente en su conducta y también en sus sentimientos, ya que tendrá perfectamente identificado a quién quiere y a quién no. Y por cierto, cuidado con esa persona a la que su niño índigo rechace, por algo lo hace: recuerde que él o ella percibe cosas que usted no.
Su pequeño cuerpo es ágil y flexible, y tiene una envidiable capacidad de relajarse y hasta dormirse profundamente en cualquier parte. Es rápido para evaluar las situaciones y actuar en la forma que más correcta le parezca.

Es muy intenso en sus actividades, sobre todo en aquellas que le gustan. Cuando está concentrado, no hay poder humano que le distraiga, y esto ocurre desde muy corta edad.

Los índigo artistas de 2 o 3 años de edad saben hacer cosas que al parecer nadie les ha enseñado, y se comunican muy bien con los otros niños. Pueden perder su espontaneidad cuando entran a la escuela, debido a las presiones externas.
Los índigos artistas tendrán a su cargo el desarrollo creativo y espiritual del mundo de la Era de Acuario.

Cómo reconocerlo:

• Se abstrae con las pinturas y lo colores. Es un pequeño dibujante nato. También le en- canta que le hagan dibujos.
• Se pasará horas mirando las imágenes de los libros.
• Necesita muy poco sueño para reponerse: lo tendrá usted danzando por la casa a muy temprana hora de la mañana.
• Se siente inclinado por todo lo creativo, y lo utiliza como forma para expresarse: música, danza, el teatro, los títeres, el circo, la pintura. Conviene fomentar en él esta cualidad desde que tenga uso de razón.
• Es un intelectual de nacimiento: se aprenderá las historias de los libros, y muchos de sus juegos tratarán de representar estar historias.
• Le es fácil comprender palabras en otros idiomas, y repetirlas.
• Puede entrar en conflicto con sus emociones, que suelen ser demasiado intensas.
• Es hipersensible, pero sabe adaptarse a las situaciones. Las evalúa con rapidez y actúa en consecuencia.
• Si usted no le da una solución o una respuesta, él o ella buscará las suyas propias.
• Siempre está pendiente de todo lo que sucede. Espera ser informado y además, que su opinión sea tomada en cuenta.
• De todos los índigos, en el artista es más notable la capacidad de sanación.
• Sus poderes extrasensoriales están muy desarrollados. Y no le extrañe que hable con amigos imaginarios que, sin embargo, pueden estar realmente ahí, aunque usted no los vea.
• Contará muchas historias fantásticas, y exigirá que se le crea.
• En el lado negativo, puede ser arrogante, narcisista, y tremendamente obstinado. Sin embargo, responde bien a las explicaciones, más que a las órdenes.
• Su mirada especial refleja la sabiduría que se encierra en su alma, y que seguramente ha reunido a través de muchas vidas pasadas.
• Como todos los índigos, siente que proviene de la realeza: no serán extrañas, en un niño o niña artista de la Nueva Era, las expresiones como “soy una reina” o “yo soy el rey’. Hágale caso: puede muy bien serlo.
• Tiene una gran fuerza espiritual, y es muy compasivo.

El interdimensional

Es uno de los más “índigo” de las cuatro categorías, capaz de moverse en distintas dimensiones de emoción y pensamiento, de ahí su clasificación. El índigo interdimensional es mucho más grande que los demás índigo, desde el punto de vista de la estatura. Se le suele atribuir más edad de la que realmente tiene.
Entre los 1 y 2 años ya no se les podrá decir nada, porque habrán desarrollado un profundo sentido de su identidad, y querrán hacer todo solos. Algunas de sus frases típicas son: “Yo ya lo sé” o ‘Yo puedo hacer eso”, o “Déjame solo”.
Pueden llegar a convertirse en bravucones y fanfarrones, porque son mucho más corpulentos, y también porque no encajan en ningún patrón de los otros tres tipos de índigo.

El índigo interdimensional lo sabe todo, e impone una tremenda carga en sus padres, porque siempre quiere tener la razón. Esto exige que los padres y maestros sean muy flexibles con él, pero no demasiado permisivos.

Como todos los índigos, tiene una mente despierta y cierta sabiduría interna que le permite escuchar razones y darse cuenta de que está equivocado, si esto se le demuestra amorosamente, sin humillación ni represión.

Se siente más seguro si los límites son claros y si hay orden y disciplina en las cosas. Si los padres no le ponen límites, el niño o la niña establecerán los suyos, ya que prefiere definir sus propias reglas del juego, y suele ser experto en derribar obstáculos y derrumbar opiniones.

Es un auténtico paladín de la justicia, y esto puede hacer que tenga conflictos con la autoridad. Un índigo interdimensional jamás permitirá que alguien le obligue a hacer algo que vaya en contra de sus ideas, o que sepa que no es correcto.
A estos índigos interdimensionales les corresponderá establecer y llevar a cabo las grandes reformas sociales, espirituales y económicas del nuevo mundo. Son estos niños índigo quienes traerán nuevas filosofías y espiritualidad a este planeta. Son, de entre todos, los verdaderos realizadores del cambio.

Cómo reconocerlo:

• Es extremadamente racional. Quizás por esto siempre está lleno de ideas y pensamientos nuevos, que suelen chocar con las formas de pensar de quienes le rodean.
• Siempre quiere tener la razón. Lo asombroso es que, gran parte de las veces, la tiene.
• Por supuesto, nació para ser líder y lo sabe, porque está muy consciente de su misión. Pero si no puede desarrollar esta cualidad, si no es comprendido, entonces “aventará la toalla” y negará cualquier responsabilidad.
• Puede ser un auténtico dictador, controlador y dominante. A todos les dice lo que deben hacer, incluyendo a sus padres y maestros, lo cual le acarreara pleitos y conflictos.
• Ve más allá de lo que perciben los ojos físicos: sus ojos del alma y sus facultades para- normales están muy desarrollados.
• Exige que se le preste completa atención.
• Le encantan las representaciones de la vida; quizás por eso es amante del teatro y también de los juegos de tipo social en donde se representan papeles de la vida real.
• Tiene facilidad para ver el engaño, y no tardará en descubrir la verdadera personalidad sentimientos o pensamientos de las personas, despojándolas de caretas. Esto porque él mismo es un ser auténtico, que dice lo que siente y lo que piensa, y enemigo declarado de la hipocresía.
• Si decide que una acción es la correcta, la llevará a cabo contra quien sea.
• Le gusta tener siempre la última palabra.
• Es muy poco tolerante con el autoritarismo, las órdenes que considera injustas y rígidas, y las instrucciones tajantes.
• Cuestiona constantemente las antiguas creencias, tradiciones y modos de hacer las cosas. Esto se nota principalmente durante la adolescencia, en la que puede convertirse en un rebelde y en un auténtico activista.
• Tiene una enorme fuerza espiritual.
• Tiene una gran necesidad de disciplina para poder desarrollarse creativamente. Los padres deben orientarlo a cada paso del camino, encauzando la poderosa energía de su mente, su cuerpo y su alma.



 

Niños índigo (Sus capacidades y Sus debilidades)

Niños índigo (Sus capacidades)

Las capacidades de los niños de la Era de Acuario están directamente relacionadas con la misión que les ha sido encomendada, y con su propia personalidad individual, porque cada niño índigo debe realizar su cometido dentro del entorno en el que ha nacido.
Así, y aunque existen diversos tipos de niños índigo, esta nueva generación de la especie humana tiene capacidades comunes, de las cuales las más notables son:

• Poseen una inmensa capacidad de amar.
• Tienen la virtud de “refrescar el ambiente” y hacer que todos a su alrededor se sientan bien.
• Quizás por eso son auténticos sanadores: su tranquilidad, el roce de sus manos, la sabia expresión de sus ojos y los poderes de su aura pueden aliviar trastornos y desdichas.
• Viven las experiencias como un todo, no las separan en hechos aislados. Cada vivencia que tienen les ayuda a subir un poco más en su desarrollo espiritual.
• Son rápidos para captar incluso los conceptos más abstractos y espirituales, y tomar decisiones al momento.
• Siempre viven, piensan y actúan de acuerdo con sus convicciones Es difícil obligarles a hacer algo que no quieren, o en lo que no creen.
• Su mente ágil no siempre se inspira durante los momentos de calma; de hecho, muchos de estos niños necesitan moverse continuamente para poder crear y pensar.
• Tienen una amplia capacidad de comunicación con todos los seres vivos. Sus “manos verdes” hacen crecer las plantas, y se llevan bien con los animales. Adoran la naturaleza y son admiradores de sus creaciones
• Son muy considerados y comprensivos se preocupan mucho por las demás personas, aunque no las conozcan.
• Son grandes defensores de la justicia y de la paz. Esto hace que tengan la virtud de poder calmar los pleitos y rencillas.
• Son muy sagaces para descubrir la mentira y la deshonestidad.
• Siempre verán lo bueno que hay en las personas.
• Son conscientes de que tienen una gran potencia vibratoria en la energía que los rodea (es decir, su aura), y realmente pueden transmitir alivio y optimismo con sólo tocar a una persona deprimida, o devolver las fuerzas a alguien que esté muy cansado.

Niños índigo (Sus debilidades)

Tal vez el principal problema con que los niños índigo pueden toparse en su convivencia con los demás es que no se adaptan al método: necesitan un método que se adapte a ellos. Exigen mucha atención y sienten que la vida es demasiado valiosa para dejarla pasar. Quieren que las cosas sucedan y con frecuencia fuerzan una situación a fin de obtener lo que desean.

Pueden llegar a irritarse emocionalmente con quienes no entienden el fenómeno índigo. Ellos no pueden comprender por qué las personas muestran conductas que no están basadas en el amor. Aun así, son extremadamente resistentes y hábiles para ayudar a niños necesitados, aunque su ayuda a menudo sea rechazada. Pueden tener dificultad para adaptarse a otros niños.

Cuando están hartos, los índigos en ocasiones hablan de “querer volver”: ‘quiero volver a mi país’“quieto volver a mi planeta ‘“quiero volver con mi otra mamá” o “con mis otros papás” ‘“no quiero estar aquí”, “no quiero ir al colegio”. - Y no lo dicen como una queja, sino que lo dicen desde lo profundo del alma. ¿Por qué? Porque muy dentro de sí mismos saben que, de alguna manera, no pertenecen aquí, aunque hayan venido a transformar este planeta. Su verdadero origen está en otro plano y en otra dimensión.

Así como tiene fortalezas, la personalidad índigo tiene también sus puntos débiles, que le provocan problemas de desadaptación, rechazo y, en casos extremos, de frustración, depresión y aislamiento. Como padres, maestros o tutores de un niño de la Nueva Era es importante estar conscientes de dichas debilidades, porque de esa manera podremos comprender que, a pesar de ser especial, un índigo es un ser humano; es cierto que es un ser evolucionado, pero cuando es niño necesita la ayuda y la guía de adultos sensibles y preparados para combatir el lado negativo de su personalidad.
Las debilidades que los expertos han detectado y documentado en la personalidad índigo son:

• No tiene una percepción definida de los límites sociales.
• Tiende hacia el aislamiento y la soledad, especialmente si se siente incomprendido o no reconocido, lo cual puede sucederle con cierta frecuencia, especialmente en el ámbito escolar.
• Es hipersensible, todo lo toma muy en serio.
• Como tiene un alma y una mente abiertas, puede ser influenciable.
• Es difícil de guiar y educar, porque siente que lo sabe todo y se desespera con las lecciones o con las actividades que comparte con los otros niños no índigo, además de que muy en el fondo se sabe especial, y no siempre acepta que se le corrija cuando él siente que está haciendo lo correcto.
• Si además de índigo es hiperactivo, y muchos lo son, puede entrar en conflicto con las personas que le rodean.
• Puede tener dificultad para concentrarse, sobre todo en cosas que no le interesan.
• Tiene tendencia a idealizar a las personas o situaciones. A veces, puede relacionarse con personas inconvenientes o frívolas.
• En el caso de los niños índigo artistas, pueden ser demasiado soñadores y tender a retirarse a su propio mundo, particularmente si se sienten incomprendidos.
• Suele tener problemas con la autoridad, en especial durante la adolescencia.
• Quiere que todos lo reconozcan y lo aprecien, por lo cual puede parecer presumido y arrogante.
• Tiene su propia forma de hacer las cosas, y puede impacientarse con quienes son más lentos que él o ella.
• Se siente con pleno derecho a hacer las cosas según su propio criterio, lo cual hace que se rebele cuando se le obliga a hacerlas de modo distinto.
• Sus sentimientos e ideas son profundos; esto puede dificultarle el expresarse con palabras; por eso muchos niños índigo tardan mucho en comenzar a hablar.
• Es fácil que pierda el contacto con su propio Ser y se desconcierte, se llene de un sentimiento de no saber adónde ir, ni de por qué está aquí, ni de qué lugar ocupa en el mundo y en la sociedad.
• Es muy sensible a la hipocresía y a las mentiras; si éstas son dirigidas a él o a ella, pueden hacerle daño.
• Es común que se exija demasiado a sí mismo y a los demás; tiende a ser perfeccionista y, si esto no se controla, puede incluso llegar hasta la obsesión.
• Puede volverse irresponsable si no se le guía con amor, comprensión y paciencia. Suele volverse inseguro si se le hace sentir que es demasiado diferente a los otros niños.



 

Diferencias entre el niño índigo y el hiperactivo

Los niños índigo a menudo son diagnosticados con desórdenes de atención (ADD — Attention Deficit Disorder) o alguna forma de hiperactividad. En muchos casos son tratados con drogas, cuando deberían ser tratados de otro modo. Dándoles a nuestros hijos la medicación llamada “droga legal”, si son índigo, sólo conseguimos atrofiarles sus capacidades glandulares de secreción hormonal tanto del hipotálamo como de la hipófisis y la pituitaria; es decir, de las glándulas que están en el cerebro, las glándulas que sirven para todo lo relacionado con el intelecto pero también para todo lo relacionado con la creatividad, con la intuición, con la sabiduría del corazón.
Existen duras disfunciones claramente asociadas con los índigos:

Desorden de Déficit de Atención—ADD (Attention Deficit Disorder)
Desorden Hiperactivo de Déficit de Atención—ADHD (Attention Deficit Hyperactive Disorder).

Los índigos son frecuente y erróneamente diagnosticados con ADHD o ADD, porque se niegan a obedecer. Pero es importante resaltar que no todos los niños índigo tienen ADD o ADHD, y que no todos los niños con ADD o ADHD son índigos.
Aunque muchos niños índigo, especialmente del tipo interdimensional, sí son hiperactivos y padecen de ADD, existen diferencias importantes entre el verdadero índigo y el niño que sólo es hiperactivo.

Capacidad de concentración

Según los expertos, el hiperactivo no se puede concentrar en ningún lugar, porque tiene una falla, una disfunción neurobiológica del sistema nervioso central, basada en que sus neurotransmisores no interactúan bien, y eso da como resultado el hecho de que su comportamiento sea bastante antisocial. El índigo sí sabe concentrarse siempre y cuando se le haga una exposición interesante, o se le brinde un aliciente creativo. Y más si puede participar en la actividad creadora.

Atención

El hiperactivo exige atención continuamente pero no presta atención. Le interesa tener compañía, saber que ahí hay alguien, pero nada más. En cambio, el índigo necesita ser escuchado, demanda atención porque necesita expresarse, porque muy adentro de su corazón infantil sabe que está en este mundo para cumplir una misión, y porque sabe que es un ser especial.

El hiperactivo demanda atención pero no escucha: va a su ritmo. De vez en cuando se da cuenta de que las otras personas están ahí, pero es como si viviera en otra realidad. A veces, el hiperactivo puede ser diagnosticado como “con rasgos psicóticos”, pero no es un psicótico; “con rasgos autistas”, y no es un autista, ya que reacciona bien a los estímulos.

Incluso el hiperactivo que no es índigo responde muy bien al amor, a los cuidados, a la atención; no obstante, no reacciona a la queja, y cuando se le regaña de una forma que él o ella consideran injusta, no habla, simplemente se dedica a otra actividad. Pero si el índigo se siente rechazado o incomprendido, comienza a marchitarse, y se retira a su rincón.

Niveles de energía

El índigo posee la mayoría de las veces, un nivel de energía tremendo, pero el hiperactivo tiene una energía que le desborda. Se mueve compulsivamente hasta durmiendo. El índigo, si además es un niño o una niña “cristal”, es un niño o una niña tranquilo.

La diferencia entre un niño índigo y un niño cristal es que el segundo es puro amor y paz; son niños muy pacíficos, muy tranquilos, muy quietos, muy amorosos, muy sabios, muy silenciosos. Una especie de “maestros índigo”, y sus facultades índigo (es decir, las facultades de su hemisferio derecho y todas sus cualidades) están altamente desarrolladas: ven otras realidades, se comunican con seres de otros niveles de realidad o realidades paralelas.

Agresividad

El hiperactivo es una mole de movimiento, porque tiene problemas psicomotores, y no con- trola bien el espacio; parece que no es compasivo, porque no es consciente de que hace daño a los demás.
El índigo actúa con compasión desde que es muy pequeño. Estos niños de la Nueva Era no son combativos, ceden sus juguetes, no son egoístas y siempre están dispuestos a participar y a ser amables con los demás. Sólo un niño índigo rechazado y frustrado se mostrará grosero, pero jamás será cruel ni agresivo como puede llegar a serlo el hiperactivo.
Socialmente, el índigo es respetuoso y amable, mientras que el hiperactivo es un torbellino.

Temeridad

El índigo es prudente y sensato, lo cual no quiere decir que a veces no pueda romper un vidrio jugando con la pelota. En cambio el hiperactivo no tiene ningún sentido de la temeridad, se arriesga demasiado sin pensar en las consecuencias, y no es poco frecuente que salga lastimado o lastime a otros. Hay que estar vigilándole constantemente.

Es más: a algunos hiperactivos parece importarles muy poco su vida. Hay que ir con mucho cuidado con ellos, porque podrían perfectamente aventarse por una ventana, queriendo volar como el hombre araña, convencidos de que no les va a pasar nada. No tienen sentido del peligro.

Los niños índigo, en contraste, se saben valiosos, y como su autoestima es alta, se cuidan mucho a sí mismos. A menos que le sea absolutamente necesario hacerlo, por su bien o para ayudar a alguien más, un índigo jamás se pondrá voluntariamente en peligro.

El habla

Los niños índigo tardan mucho en comenzar a hablar, pero cuando lo hacen, se sueltan de pronto diciendo frases enteras perfectamente estructuradas, y pueden expresar conceptos muy abstractos y muy profundos, vívidas descripciones de “su mundo”, ideas muy elevadas para su corta edad.

El hiperactivo habla a trompicones, no se le entiende, habla en frases cortas, y sólo le suele entender su mamá, su cuidadora o su papá, o una hermana o un hermano: alguien que actúe como traductor. Es frecuente que confunda los tiempos y las conjugaciones de los verbos: puede hablar en indicativo o en subjuntivo: “cuando vine aquí, voy a ver la tele”: Esto parece indicar que tiene una falta de coherencia y de conexión con las realidades temporales y espaciales. Normalmente es monosilábico: “Te lo has pasado bien? Sí”; “Has jugado en el colegio? No”; “Han querido jugar contigo los niños? No”; “Con cuántos niños has jugado? No”… “Has jugado con muchos niños? No”.
A diferencia del niño hiperactivo, el niño índigo suele expresar correctamente sus emociones, sus sentimientos, sus enfados, sus motivos… tanto, que a veces asusta por la profundidad y la sabiduría de sus razonamientos.

Psicomotricidad

A nivel psicomotor, la habilidad en el niño hiperactivo es problemática. No controla bien ni siquiera su propio cuerpo. En cambio el índigo desde muy pequeñito (sobre todo si mamá y papá lo apoyan) controla muy bien el espacio. Le encanta jugar debajo de las sillas, debajo de las mesas y crearse espacios. Le fascina hacerse “casitas” con las sábanas y cobijas, porque le gusta sentirse en un ambiente en el que su aura está protegida.

El niño índigo, que tiene su mayor potencial en la parte derecha del cerebro expandido, o en vías activas de expansión, necesita reestructurarse, sentirse protegido; sentirse que se esconde debajo de una tela, una tienda, debajo de la cama: lo necesita por seguridad interna.

En cambio, el hiperactivo es todo lo contrario: le inquieta estar en espacios muy limitados, a menos que se quiera esconder momentáneamente pero necesita mucho espacio. El hiperactivo necesita actividad; el índigo también, pero de otro tipo, y puede estar debajo de su casita de tela durante mucho tiempo.

Autoestima

Los niños índigo tienen un alto nivel de autoestima; se consideran a sí mismos príncipes, reyes, princesas. Por supuesto que son vulnerables, como todo niño.
Si no se alimenta la autoestima de estos pequeños, si se sienten minimizados, humillados, despreciados o injustamente tratados, dejarán de hablar.
En un nivel espiritual, este silencio significa que el chakra de la garganta se ha cerrado, y eso pasa, esa criatura va a tardar mucho en florecer. Tendremos un adolescente silencioso, que no se comunicará, de modo que sus padres no sabrán lo que piensa, lo que siente y lo que va a hacer mañana, lo que le duele, lo que le preocupa. Este silencio se gesta en la infancia.

Por lo tanto, el nivel de autoestima de un índigo es elevadísimo, pero si en el colegio se le rechaza, si se siente constantemente agredido en su autoestima, se rendirá, se encerrará en sí mismo, y su familia, y el mundo entero, se habrán perdido de un ser potencialmente maravilloso.

Por su parte, el hiperactivo es consciente de que nadie lo quiere, de que nadie quiere jugar con él. Carece de patrones socializantes, es decir, no sabe jugar ni relacionarse con los demás. Como es tan brusco, y tan torpe a su manera, tan agresivo, no es extraño que se pase la vida de colegio en colegio, siendo expulsado de todos. Esto le provocará frustración, tristeza y un gran daño emocional. Si la hiperactividad está escandiendo un potencial índigo, el daño puede ser mucho mayor.

El hiperactivo no tiene modo de asociar ideas para sacar conclusiones, la mayor parte del tiempo cree que nadie lo comprende, pero no sabe que ni siquiera sabe que nadie lo comprende.

Sólo hay una forma realmente efectiva de ayudar a un niño hiperactivo: dándole frases cortas, concretas y repetitivas, una y otra vez, con grandes dosis de amor, compañía y atención. Si cuando con esas grandes dosis de órdenes concretas, con frases cortas, amor y comprensión logramos un cambio, el hiperactivo empieza a bajar su nivel de hiperactividad, y si se trata de un índigo, comienza a desarrollar sus facultades.

Salud física y mental

El índigo se enferma muy rara vez. Su configuración genética especial hace que su sistema inmune sea más resistente a las infecciones y contagios que el resto de los niños que no son índigo.

Y además, si se hace una herida o una fractura en el pie, en la pierna, en el brazo, sanan milagrosamente, se repone, se recupera con una rapidez que maravilla.
Hay casos aislados de una sensibilidad fina en la piel, y pueden ser víctimas de enfermedades graves, pero con mucha menor frecuencia que el resto de los niños. Algunos otros trastornos asociados con la personalidad índigo son:

• Dolores de cabeza.
• Dolores crónicos que cambian del cuerpo a otro.
• Fatiga y poca estabilidad en el físico y escolar.
• Depresión, tendencia al aislamiento o a hacer rabietas.

En contraste, el niño hiperactivo frecuentemente suele padecer asma, alergias, gripes y otros padecimientos a lo largo del año.

Madurez

Desde pequeñitos los índigos parecen ser adultos sabios. Almas viejas. Como dice la madre de una niña índigo de cuatro años: “Es como si te estuviera mirando alguien que conoce tu alma. Es alguien que se te mete por los ajos y te llega al corazón”. Eso ocurre desde la cuna. Los bebés índigo miran directamente a los ojos, y parecen entender todo lo que se les dice. En realidad, quizás sea así.

Cuando comienzan a hablar, con frecuencia más tarde que otros niños, como señalábamos más arriba, suelen tener un comportamiento muy maduro. Por supuesto, son niños y pueden hacer cualquier travesura, pero su conducta corresponde más a la de los adultos con quienes, por cierto, le encanta estar.

Por su parte, el niño hiperactivo suele comportarse como bebé, incluso a los cinco, seis, siete y hasta los ocho años o más. Tiene un bajo nivel de madurez emocional, y no sabe sacar conclusiones. Incluso muchos hiperactivos preguntan lo que quieren que se les pregunte.

Ante las situaciones nuevas, el hiperactivo se descontrola mucho, se desborda, se sobreexcita; el índigo observa, disfruta, hace preguntas, aprende, se la pasa bien.
El índigo, por muy pequeño que sea, no se siente un extraño en el mundo de los adultos. Los adultos son seres a veces más inmaduros que él, y en ocasiones le inspiran compasión.

Lidiar con la pérdida

Ante una pérdida, el hiperactivo parece indiferente, debido tal vez a que siempre está en la acción. Quizá algún día pregunte: “Y la abuelita dónde está?””La abuelita ha muerto.” cuando va a llegar?” Y a los tres o cuatro meses: “Cuándo me dijiste que va a volver la abuelita?”“Ya te dije que la abuelita se murió.”“Ah… “Solamente hasta que crece entiende la dimensión e irrevocabilidad de la muerte.

El índigo también tiene una mente atemporal, pero sabe que nacer es morir a otra realidad, y que morir aquí es nacer a otra realidad allá: de alguna manera, lo sabe. La respuesta de un índigo ante la noticia de la muerte de su abuela puede ser: “La abuelita ya no está en su cuerpo, pero sigue viviendo. “Anoche me vino a visitar”.

Obediencia

Como veremos en el capítulo de Crianza y Educación, para que un índigo obedezca necesita que se le den explicaciones que le proporcionen un motivo de por qué es conveniente que haga o no haga las cosas.

En cambio, para que un hiperactivo obedezca basta con tener mucha paciencia, no demostrarle que tiene poder sobre usted, y darle órdenes cortas, concretas y repetitivas, que se conviertan en señales que le indiquen lo que debe y no debe hacer.

Consideración hacia los demás

El hiperactivo es un pequeño destructor: no sabe cuidar ni se da cuenta de que hay plantas, de ahí que en la sala tiene usted los adornos más caros de la casa, de que hay otros niños jugando en el suelo. Por ejemplo, puede pisarle la cola al perro demasiadas veces, aunque le encante el perro. Es tan distraído y brusco que no se fija, y da la impresión de que tampoco le importa.

Por el contrario, el niño índigo tiene una antena especial para saber que el perro está ahí, hasta en la oscuridad. El índigo quiere tener sus propias plantas, sus propios minerales, a los que cuida con amor. A estos niños azules les atraen normalmente los cuarzos rosas, los cuarzos transparentes, las amatistas, y muchos tienen hasta su pequeña colección. Se comunican bien con los animales, saben respetarlos, saben cuidarlos, les hablan con frecuencia. Incluso, muchos índigos reciben mensajes telepáticos de sus animales domésticos y de las mascotas de los demás. Y están muy conscientes de la presencia de los ángeles; para ellos, hablar con los ángeles es algo muy normal, así como contar acerca de sus papas que viven en otro planeta, y cosas por el estilo.

No, no están locos. Son índigo, proceden de otro plano existencial y se mueve en una dimensión diferente a la nuestra.

Miedo a la oscuridad

Tanto los niños índigo como los hiperactivos muestran temor a la oscuridad que, por otra parte, es un miedo infantil natural, que surge de nuestros más primitivos instintos.
La diferencia es que un 25% de índigo acepta este temor, y el otro 75% no lo expresa, pero lo sufre igual. Tienen miedo a la noche, a la oscuridad, y a uno o dos puntos rojos, que se manifiestan cuando están solos y a oscuras. Es un reto de poder. Es su propia energía. Esto es algo que un niño no puede entender, pero un adolescente sí: es su propia energía de reto, es la tentación. Todo ser iluminado, todo ser que tiene luz en los dos hemisferios, que se maneja con las dos formas mentales: la intelectual y razonable, y la intuitiva y curativa, se enfrenta al reto de superar cualquier temor o cualquier miedo que le pueda dar la oscuridad, la noche. Es un reto para iluminar, para llenar de luz esos dos puntos rojos y que se desvanezcan. Es como un peligro que acecha y que hay que vencer; un índigo sabe en su fuero interno que no puede, no debe sentir miedo, porque es un ser de muchísimo poder con un grado avanzado de estatura espiritual.

En el hiperactivo, el miedo a la oscuridad es debido a una exacerbada necesidad de compañía, de sentirse acompañado y de querer dormir en la cama con sus papás, rodeado por los dos seres que más seguridad le dan en el mundo.
En conclusión, en el índigo, el miedo a la oscuridad o a cualquier otra cosa, es un reto que debe ser superado; en el hiperactivo, es una manifestación de inseguridad.

Juegos

Los juegos de los niños de la Nueva Era suelen ser participativos, no competitivos, no agresivos, aunque cuando van creciendo pueden aficionarse a los videojuegos de matar enemigos, porque poseen una capacidad que también tienen los delfines, que son los seres índigo del mar: saber distinguir la realidad virtual, e incluso la realidad en tiempo real, y la realidad real.

Por ejemplo, un niño índigo sabe perfectamente que si su mamá aparece en la pantalla de televisión, es su mamá, pero no está ahí en esos momentos. Los delfines también. En un experimento realizado por un instituto de salud mental de los Estados Unidos, se colocó una cámara en una balsa donde estaban entrenando las hembras adultas, y en otra balsa estaban los bebés delfines viendo por un monitor; los bebés dieron muestras de saber que su mamá estaba ahí en tiempo real, pero no en tiempo espacial, es decir, que no compartía el mismo espacio pero sí el mismo tiempo. Esta es una facultad de la mente atemporal del hemisferio derecho. Por lo tanto, en el índigo está muy desarrollada.

En cambio, el hiperactivo no lo distingue: si ve a su mamá en un monitor entra en pánico:

“¡mamá, mamá!”, y le grita para que le oiga mejor: ¡mamá, ven, mamá, mamá!”, incluso si la ve en una foto, puede querer que ella salga de ahí para estar con él. Cuando alguien les habla por teléfono, los hiperactivos miran el teléfono, porque están esperando que la persona salga por ahí. Su razonamiento es: “si te oigo, te tengo que ver?”.

Alimentación

El niño hiperactivo es un goloso nato: le encantan las golosinas; en cambio, al índigo no le atraen tanto, y siente más inclinación por los alimentos naturales.

El hiperactivo come más por los ojos. Con tal de comer, el hiperactivo engullirá casi todo. En cambio, muchos bebés índigo escupirán si se les da un puré en el que haya carne triturada. Los niños índigo se sienten muy identificados con los animales, y un gran porcentaje de ellos rechaza por completo la comida que sea de origen animal, así que suelen ser vegetarianos. Finalmente, ellos van a elegir lo que es correcto para su frecuencia, para su energía y para su expresión.

Sin embargo, los expertos recomiendan que, debido a la naturaleza particular de un niño índigo, se le deben dar alimentos naturales, de origen vegetal, aunque cuando menos en la infancia se les debe fomentar el hábito de consumir proteínas de origen animal, que son necesarias para su desarrollo.

La medicación

El niño hiperactivo reacciona a la medicación. El índigo no suele reaccionar a ella. Son niños que no responden como la mayoría a la medicina alopática ni a los fármacos tradicionales. Es por esto que muchos niños de la Nueva Era responden muy bien a las terapias alternativas y a los recursos de la medicina naturista.

En ellos, la fiebre, por ejemplo, puede ser una forma de limpiar la agresividad, la hostilidad de su ambiente familiar, los problemas entre sus padres; también puede ser su manera de sacar la energía triste que traen de colegio.



 

Niños índigo (Crianza y educación)

Los nuevos niños índigo han venido aquí para darnos un nuevo entendimiento de la humanidad. Ellos son un regalo para sus padres, para el planeta y para el universo. Cuando los honramos como a la bendición que realmente son, podemos ver la sabiduría divina que ellos traen para ayudar a elevar la vibración del planeta Tierra.

El paso más importante para entender y comunicarse con esos nuevos niños es cambiar nuestra forma de pensar acerca de ellos, destruyendo nuestras creencias erróneas y nuestros hábitos de conducta convencionales. Si honra a esos pequeños como regalos en lugar de pensar que son un problema, usted abrirá las puertas para entender la sabiduría de ellos y la suya propia. Los niños de la Nueva Era retribuirán su esfuerzo, responderán sensiblemente a él, y de esta manera se abrirá un camino para un entendimiento mutuo.

En muchos casos, sobre todo cuando son diagnosticados equivocadamente con el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, es frecuente que se les administren medicamentos como el Ritalín, para “calmarlos”. Un niño índigo no necesita que se le calme. Necesita que se le entienda. En ellos, el uso de medicamentos puede resultar en el mejor del caso inútil; en el peor, abrirles una peligrosa ruta hacia la drogadicción, además de que se pueden bloquear sus preciosas cualidades y capacidades psicológicas y espirituales. Será como enterrar un valioso, inconmensurable tesoro bajo una densa capa de lodo.

El creciente uso, de tratamientos psicotrópicos para tratar a estos niños refleja nuestro rechazo mundial al cambio. Nos encontramos a punto de dejar el viejo mundo, basado en la competencia, los celos y la envidia, y estamos en el umbral de una nueva era basada en la cooperación, el amor y el conocimiento de nuestra unidad. La vieja energía está dando paso a la nueva energía.

Los niños que están encarnando recientemente son diferentes de las generaciones anteriores. Ellos son llamados “niños de la Nueva Era” por una buena razón. Estos niños son altamente conscientes, sensibles y perfectamente psíquicos. No toleran en absoluto la deshonestidad y la falta de autenticidad. Saben instantáneamente cuando alguien está mintiendo.

Imagine cuán difícil es para estos niños estar dentro del actual sistema educativo, tan falto de autenticidad, en el que se dicen cosas como: “Vamos a fingir que nos gusta estar aquí. No vamos a discutir cuán infelices somos todos nosotros por ser forzados a venir a este lugar a aprender/enseñar cosas a las que no sabemos cómo darles aplicación práctica en nuestra vida real”. Para ellos, aceptar esta actitud es negar su propia esencia y fallar de antemano en la alta misión que les ha sido encomendada.
En casa, con frecuencia los adultos tratan a los niños deshonestamente. Por ejemplo, padres que ocultan cosas a sus hijos. Estos niños intuitivos saben cuando algo está mal. Los niños de la Nueva Era les pedirán a sus padres la confirmación de estos sentimientos. Si los padres niegan la verdad, eso puede conducir a los niños a la frustración. Los niños, incluso los índigo, no saben cómo conciliar la disparidad entre lo que ellos sienten (la verdad) y lo que los adultos les dicen (la mentira).

Por otra parte, tendemos a castigarlos si no hacen o no actúan como nosotros queremos. Un niño índigo nunca va a actuar como usted solía hacerlo en su infancia: con los niños de la Nueva Era, la rigidez de la autoridad simplemente no funciona. Sólo hay una manera de interactuar con estos pequeños seres y es desde y con el Amor.

Así pues, resulta del todo necesario conocer la esencia de estos niños, para estar a la altura de las circunstancias y no obstaculizar su proceso de evolución y el cumplimiento de su misión. Al tratar con niños de una nueva conciencia, los adultos nos veremos obligados cambiar los antiguos patrones educacionales para darles a nuestros niños la libertad de expresión y de acción que mueve su alma, su esencia y su corazón.

A estos pequeños tan especiales les gusta ser tratados y honrados como individuos, de manera que la crianza emocional debe basarse en la honestidad y transparencia. A los niños índigo no se les debe avergonzar, ni culparlos, ni mentirles, ni gritarles. Por el contrario, hay que preservarles la autoestima. Se les debe brindar la posibilidad de elegir y, al mismo tiempo, evitar la comparación. Deben recibir disciplina sin emoción.
Otro requisito importante para la crianza emocional de los niños de la Nueva Era es estimular su excelencia, más no la competencia entre sí o con otros niños. Y, además, involucrar el buen humor. Esto es especialmente relevante: dada su naturaleza sabia, a veces estos niños, salvo quizás el interdimensional y un poco el conceptual, no tienen muy desarrollado el sentido del humor, y pueden llegar a ser niños y adultos muy tensos, que se toman todo muy apecho. Es fundamental enseñarles a reírse, a ver las cosas buenas de la vida, a comprender que, a veces, reírse de uno mismo no es negar la propia importancia, sino simplemente tener una actitud sana ante la vida.
Además de lo anterior, los expertos en educación y los terapeutas hacen algunas indicaciones de cómo tratarlos según su etapa de desarrollo.

Hasta el primer año de vida

Los conceptos esenciales son amor, afecto y atención. A los bebés hay que tocarlos, abrazarlos, proveerles mucha seguridad y, además, jugar con ellos. Hay que darles estimulación temprana y tentar sus sentidos con música, colores, formas y movimientos.

Es increíble cuán bien reaccionan los bebés índigo a los masajes y a otras técnicas de relajación, como los baños tibios perfumados con aceites esenciales. Es bueno ir inculcándoles, desde que son muy pequeños, el gusto por las técnicas holística de sanación y relajamiento. Recuerde que son muy espirituales y están estrechamente conectados con la naturaleza y las vibraciones cósmicas, de modo que el masaje y la relajación les ayudarán a abrir sus chakras y a estimular el crecimiento de su precioso espíritu.

Entre el primero y segundo años

Hay que resaltar los términos libertad, respeto y estímulo. Durante esta etapa se prueba el desapego a los padres, es decir, el niño quiere probarse a sí mismo que es un ser independiente, sobre todo si se trata de un índigo interdimensional.

Es necesario evitar el amenazarlos o condicionarlos a través del temor. No debemos permitir que el niño identifique el dolor como sinónimo de malo, de debilidad. Si así fuese, no habría espacio para el crecimiento espiritual, y toda su misión quedaría olvidada.

Entre los dos y los cinco años

Merecimiento, explorar y aprobar, son las palabras clave. Esta es la época de transición entre el Yo Soy y el Yo Puedo. Si impedimos que se sienta poderoso y autosuficiente, no lograremos que sea un adulto capaz de enfrentar cualquier reto, y lo volveremos inseguro y desconfiado.

Entre los cinco y los ocho años

A esta edad, el niño índigo ya asimila conceptos más abstractos. Por ello hay que manejar los términos dar, compartir aceptación, verdad y no juzgar.

A los índigos les encanta compartir cuando sienten amor. Si se les enseña que para dar tienen que perder algo, entonces no aprenderán el verdadero significado de la palabra dar.

En cuanto a la verdad, deben aprender que va acompañada de un sentimiento agradable y no como antesala a un problema, en caso de ocultarla.

Entre los ocho y los doce años

El niño está en la pubertad, y se aproxima a la siguiente etapa de maduración, que es la adolescencia.

En esta etapa, el índigo requiere que los padres manejen conceptos como la experiencia, la responsabilidad y el estar alerta. Si el índigo aprendió debidamente las lecciones de la crianza espiritual, reflejará entonces la confianza de sus padres. De lo contrario, se encontrará confuso, cederá a las presiones de los amigos y buscará al azar experiencias que le hagan sentirse en control, aunque éste sea falso, como el que proporcionan las drogas.

Educación en casa

No siempre resulta fácil educar a un niño índigo, a menos que comprendamos que él o ella se mueven en una dimensión mucho más espiritual, y que tiene una percepción diferente de sí mismo y de las cosas y personas que le rodean. Es un ser evolucionado que ha llegado a un mundo que no lo está tanto, y puede frustrarse cuando no se le comprende, como le sucedería a cualquiera en su situación.

Quizás en este momento usted estará preguntándose: ¿Es que tengo que dejarlo hacer lo que le dé la gana? La respuesta de los expertos a esta pregunta, es sí y no. Sí, mientras no dañe a nadie, ni a si mismo. No, cuando quiera pasarse de ciertos límites. Usted, como padre o madre, es el único que puede poner esos límites, pero no con órdenes, sino con el ejemplo.

El niño índigo es muy sensible y muy perceptivo para determinar la incongruencia entre el decir y el hacer. ¿Cómo obligarle a limpiarse las manos antes de comer si usted no suele hacerlo o pedirle que hable en voz baja sí él sólo escucha sus gritos? ¿Cómo imponerle hábitos que usted no tiene? ¿Cómo impedir que haga lo que usted suele hacer? Recuerde que muchos de sus hábitos los establece por imitación de uno de sus padres.

También es importante evitar darle dobles mensajes, es decir, que usted lo regañe porque hizo algo que no debía, y su cónyuge lo consuele. El niño no entenderá si lo que hizo fue malo o no tan malo. Recuerde que los índigo, principalmente y más que otros niños, necesitan reglas y límites claros para sentirse seguros. De modo que los padres deben ponerse de acuerdo para evitar que uno le reste autoridad al otro. El niño índigo no necesita de un padre “ogro” y de una madre “angelical” (o viceversa); requiere que tanto su figura paterna como su figura materna sean igualmente fuertes, honestas, amorosas, sólidas y coherentes.

Órdenes y rabietas

Los niños índigo toman como un castigo a su autoexpresión el hecho de que se les den órdenes, y pueden reaccionar con verdadera rebeldía ante las amenazas. No quiera que él comprenda lo que todavía no está en capacidad de hacer, por ejemplo, que usted no puede estar en todo momento con él, porque necesita su tiempo para atender sus asuntos personales. Si él no entiende, y usted se impacienta, esta impaciencia es captada por el niño y el asunto se vuelve un círculo vicioso. La palabra con ellos no es represión, sino negociación. Así que ármese de una buena dosis de paciencia y comprensión y negocie con el niño.

¿Cómo hacerlo? Simplemente déle explicaciones de por qué si o por qué no puede concedérsele lo que pide, darle el permiso que solicita, hacer lo que hizo o lo que quiere hacer. Los niños índigo son espirituales, pero también extremadamente racionales, y si se les dan explicaciones sencillas, de acuerdo con su edad, seguramente reaccionarán a ellas positivamente. Pero querer obligarlos mediante las órdenes estrictas y o los regaños es seguir, con los niños de la Nueva Era, un camino equivocado.
Tenemos, por ejemplo el asunto de las rabietas. Todos los niños, especialmente los menores de tres años, suelen estallar a menudo en rabietas que, para sus padres, son injustificadas. Para los niños índigo, esta conducta es un evento frecuente que demuestra su inconformidad con las reglas sociales y de educación.

Los niños índigo se estresan más de lo normal cuando no se les permite dar rienda suelta a su expresión, por esa condición tan propia de ellos de ser autosuficientes y autodeterminados. Su mecanismo de defensa es el llanto y las rabietas.

Algunos niños índigo expresan sus rabietas como una manifestación de estrés y esto ocurre, con mayor frecuencia, al final del día. Si su día ha sido tranquilo y feliz, pasado en medio de un ambiente de seguridad y armonía, dormirá como un angelito. Si algo le ha perturbado, si se le ha sacado bruscamente de su rutina o ha habido algún problema, por la noche levantará a todos los demonios de la casa.

Es importante comprender que el niño índigo necesita expresar sus emociones libremente y sin juicios. Dejarlo llorar, aun cuando su llanto le resulte insoportable, y dejarlo manifestar su rabia, hasta agotarla, es saludable. Es la manera que el niño tiene de liberar la carga emocional acumulada cuando no cuenta con suficientes elementos de expresión. Si esta carga emocional no se libera, va aumentado progresivamente a lo largo de los años, se va cristalizando en el cuerpo emocional, y puede provocar que ese niño precioso se convierta en un adulto amargado y endurecido, esencialmente infeliz, hasta terminar en enfermedades crónicas y muerte prematura.

Sin embargo, las rabietas nocturnas pueden tener otras causas, como dejarlos solos a la hora de dormir o acostarlos cuando no tienen sueño, especialmente si han dormido una larga siesta. El niño se frustra y se enoja con toda razón.

Algunos niños ofrecen resistencia para irse a dormir solos y exigen la compañía de uno de sus padres. Cuando esto no se les concede estallan en llanto y esta escena se convierte en un vía crucis diario para la toda familla. Esto ocurre con más frecuencia cuando el niño alcanza los tres años de edad; él siente mucho miedo de quedarse solo, porque ésta es la edad en que comienza a conocer la muerte. Cuando se quedan solos se sienten separados y abandonados y esto les produce dolor y temor. Esta es la etapa en que mas necesitan estar cerca de la madre, de una madre confiable y consciente de su papel que les ayudes a superar sus miedos.

¿Que tal si aparta unos minutos de su tiempo para jugar con su niño o niña índigo antes de que se vaya a dormir? Léale cuentos, platique con él, abra las vías de comunicación. Aliente a su hijo o hija a que le hable acerca de sus sentimientos, escúchelos sin juzgarlos. Quizás el niño escuchó cuentos tenebrosos o vio alguna película de terror.
Si se ha muerto un familiar cercano, sin duda que él le hará preguntas. En este caso, sea lo más honesto posible. Dígale que es muy improbable que un niño de su edad pueda morir. Sustitúyale las ideas de muerte por sueños de realizaciones para sí mismo, para la familia, para el mundo. Es muy sano para su hijo enfatizarle que usted nunca le abandonara y que siempre hay personas a su lado que le cuidan y le aman. Si el niño se lo demanda, háblele más profundamente acerca de la muerte. Pero nunca, nunca deje de responderle.

Es importante que los niños se sientan amados y respetados, independientemente de que sus sentimientos y actitudes provoquen molestia e incomprensión por parte de sus padres: esto se debe a esa tendencia que tenemos de etiquetar las cosas como “buenas’ o “malas”, según nuestro ya obsoleto sistema de valores y creencias. Obsérvelos con amor, no les muestre desagrado y mucho menos indiferencia. Ellos necesitan de su aprobación y de su respeto para manifestar sus necesidades más apremiantes y llorar es una manera de descargar su malestar. Pero generalmente los padres lo toman como una forma de manipulación o de malcriadez. Quizás usted aprendió a no expresar éste sentimiento y hasta se te castigaba fuertemente si lo hacía, se le condicionó a no sentir, mucho mas si es usted hombre.

Evite rechazarlos cuando usted cansado o apurado. Su hijo no es un cachorrito juguetón a quien puede golpear o empujar para apartarle (tampoco debería hacerlo con el cachorrito). El niño índigo sentirá el rechazo como una bofetada. También resulta en extremo contraproducente privar al niño de su amor, de sus abrazos y su cercanía, y mucho más utilizar este rechazo como una forma de castigo con el argumento de que así lo trataron a usted, y con el cuento de que a los niños no se les debe acostumbrar a los brazos porque “se echan a perder”.

Es altamente saludable que sus niños aprendan a compartir con otros niños, desde muy pequeñitos, especialmente con otros niños índigo. Ellos se entienden entre sí. Entréguelos a mallos expertas para que realicen actividades que requieran dormir fuera del hogar y verá que su comportamiento es totalmente diferente, tanto que usted quedará asombrado.

Sugerencias en caso de conflicto conyugal

Los sensitivos niños y niñas índigo resienten, más que los otros niños, el hecho de que haya problemas en casa o peleas entre sus padres. Su enorme sensibilidad les hace percibir este tipo de conflictos, y si sienten que pueden romper su seguridad, tratarán de llamarla atención mediante conductas inapropiadas o actitudes rebeldes, las cuales incluyen tirarse una pataleta a la hora de acostarse, o incluso en medio del día, en medio del pasillo de un supermercado, por ejemplo.

Por esto, es importante que si existen problemas entre usted y su cónyuge, traten de resolverlos de manera armónica, para evitar que se cree un ambiente de tensión que los dañará a todos, pero en especial al pequeño índigo. Y por supuesto, una regla de oro es jamás pelearse ni discutir delante de la criatura (ni de ninguno de sus hijos, sean o no índigo).

Otras reglas importantes en el caso de que exista un conflicto conyugal son:

• Nunca le hable mal a sus hijos de su cónyuge; recuerde que él o ella es su papá o su mamá, y que para ellos es un ser sagrado. Si usted les habla pestes de él o de ella, les romperá la seguridad.
• Nunca obligue al niño, índigo o no, a establecer alianzas con usted y contra su cónyuge. El niño los ama a ambos, y esta situación le provocará un tremendo conflicto interior.
• Eviten a toda costa cualquier tipo de violencia, sea psicológica, verbal, sexual y, por supuesto, física.
• Si sobreviene un divorcio entre ustedes, no consideren a sus hijos como un trofeo. Permitan que vean al cónyuge que se ha ido de casa, no les rompan su núcleo familiar.

Algunos consejos para los padres

Hay algunas reglas básicas que debemos tener en cuenta para ayudar a nuestros niños de la Nueva Era a lograr todo el brillo de su personalidad.

• Trate a su índigo con respeto.
• Honre su existencia en la familia, y hágale sentir bienvenido a ella.
• Permita que participe en las decisiones y asuntos familiares, en cuanto pueda hacerlo.
• Nunca lo desprecie ni lo haga sentir pequeño.
• No le oculte nada, ni use lenguaje ofensivo.
• No le dé dobles mensajes que sean contradictorios, porque lo confundirá. Esto es válido para todos los niños, y es un error muy común en los padres.
• Ayúdelo a crear sus propias soluciones disciplinarias.
• Siempre déle a elegir.
• Conviértalo en partícipe activo de su propia crianza.
• Explíquele siempre el por qué de las instrucciones que usted da. No use la frase de: “porque yo lo digo”. Si usted utiliza semejantes expresiones, entonces reconsidere sus instrucciones y corríjalas. Su hijo o hija la/lo respetarán por ello y esperarán a que usted se defina. Pero si usted les da órdenes autoritarias y dictatoriales sin bondad ni razones sólidas, estos niños lo derrotarán. Simplemente no obedecerán o, lo que es peor, le darán una lista de razones que descalificarán sus intenciones. La honestidad vencerá como nunca antes.
• Desde que son muy pequeños, explíqueles todo lo que usted está haciendo. Tal vez ellos no entiendan, pero percibirán su conciencia y su intención de hacerles participar y de comunicarse con ellos.
• Si surgieran problemas serios de conducta, hágalo examinar primero antes de iniciar un tratamiento basado en drogas como el Ritalin u otros medicamentos psicotrópicos.
• Proporciónele seguridad cuando usted le brinde apoyo. Evite críticas negativas. Siempre hágale saber que usted le apoyará en todo momento. Su niño índigo crecerá de acuerdo con lo que usted le ha comunicado, y este proceso de crecimiento le sorprenderá por su profundidad y su brillo.
• No le diga quién es, ni quién será en el futuro. El o ella lo saben mejor que usted. Tampoco trate de imponerles una profesión. Deje que ellos decidan lo que les interesa. No los fuerce a que entren en el oficio familiar o en algún tipo de negocio porque la familia lo haya estado haciendo durante generaciones. Estos niños no serán seguidores en absoluto. Todo lo contrario.

En la escuela

Los niños índigo suelen tener problemas con los sistemas y métodos educacionales en las escuelas tradicionales, porque, como decíamos antes, ellos no se adaptan al método, sino que es preciso que el método se adapte a ellos.

Su forma de ser característica, su alta autoestima, su profunda conciencia de que son especiales y el hecho de que parecen saberlo todo suelen causar el rechazo de sus maestros, y también del resto de sus compañeros.

Si se le diagnostica equivocadamente con el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, se puede caer en el error de querer “controlarlos” con drogas, lo cual puede constituir un grave error, que apagará al niño por completo y hará que el mundo pierda a uno de sus seres más valiosos.

Ahora que la conciencia mundial de la existencia de los niños de la Nueva Era está creciendo, que se sabe que son una realidad y no un mito esotérico nacido de quienes proclaman el fin del mundo, que las investigaciones científicas comienzan a demostrar que realmente son diferentes y especiales, los colegios y demás centros educativos deben estar atentos para reconocer la presencia de niños índigo dentro de los salones escolares, y reconocer que estos particulares alumnos simplemente no funcionan ni responden con los métodos de enseñanza tradicionales. Por el contrario, los niños índigo aprenden de forma reflexiva y participativa, no mediante la memorización. Por ello no es extraño que a muchos de estos pequeños se les califique como niños problema, ya que se dispersan con gran facilidad durante las clases.

En la educación y al elegir una escuela, debemos tener en mente que debemos enseñar a los niños cómo pensar y no qué pensar. Los viejos patrones educativos se basan en la creencia fundamental, y errónea, de que los niños son simples vasos vacíos que deben ser llenados de conocimiento por expertos, los profesores.

Pero nuestro papel como padres y maestros no es transmitir conocimiento solamente, Sino también transmitir sabiduría. La sabiduría es la forma de aplicar el conocimiento. Cuando les damos a los niños sólo conocimientos y hechos aislados, datos y cifras, les estamos diciendo qué pensar, lo que supuestamente deben conocer y saber, lo que queremos que ellos crean y conciban como verdad.

Por el contrario, cuando les transmitimos sabiduría a los niños, no les estamos diciendo lo que deben pensar o lo que es verdad. En cambio, les decimos cómo hacer para encontrar su propia verdad. Por supuesto, no podemos ignorar el gran caudal de conocimiento que existe cuando enseñamos sabiduría, porque sin conocimiento no hay sabiduría. Una cierta cantidad de conocimiento debe pasar de una generación a la siguiente, pero debemos permitir que los niños lo descubran por sí mismos, fomentándoles el gusto por la investigación, despertando su interés y su curiosidad. El conocimiento con frecuencia se pierde, pero la sabiduría nunca se olvida.
Todavía en muchos casos desafortunados, los maestros utilizan las técnicas de avergonzar y hacer comparaciones entre los estudiantes, con la idea de que eso les hará motivarse. En estas circunstancias cualquier niño que no encaja en el modelo es considerado un niño problemático. El problema con este sistema es que los niños aprenden a suplir su necesidad de atención y reconocimiento de forma negativa, poniéndose necios, rebeldes, indisciplinados.

Hasta que haya escuelas especiales para los niños índigo, como debería haberlas ya, quizás quiera inscribirle en planteles cuyo método académico y educativo esté más orientado hacia la libertad individual, como aquellos que implementan el sistema Montessori, que si bien ha sido muy controvertido, parece funcionar eficientemente con los niños de la Nueva Era.

Para padres y maestros: cómo relacionarse con los niños índigo.

• Los índigos son abiertos y honestos. Esto no es una debilidad, sino su mayor fortaleza. Si los padres y maestros no son honestos y abiertos con ellos, los niños índigo no variarán su conducta con ustedes: sin embargo, no los respetarán.
• El aburrimiento puede provocar arrogancia y aburrimiento en los índigos. Así que el secreto es no dejar que se aburran. Si actúan con arrogancia, significa que necesitan un nuevo desafío y nuevos límites. Alimenten sus cerebros y manténgalos ocupados de la mejor forma posible.
• Los padres, maestros y cuidadores de los niños índigo tienen que ser capaces de establecer y mantener límites claros y sin embargo, lo suficientemente flexibles para cambiar y ajustar esos límites cuando sea necesario, basados en el crecimiento emocional y mental, pues los índigos crecen rápido. Ser firmes, pero justos, es necesario para el bien de ellos y el de ustedes.
• El mensaje dado y transmitido por los adultos debe ser más placentero que doloroso, y más basado en el amor que en el miedo.
• Mantengan al niño informado e involucrado en los asuntos.
• Eviten malentendidos mediante el simple hecho de darles explicaciones sensibles y racionales.
• No pierdan la paciencia con un niño índigo, ni lo repriman sólo porque ustedes están desconcertados y no saben cómo tratarlo.
• Eviten dar órdenes utilizando verbos en imperativo. En vez de usar órdenes verbales, usen el tacto para llamar su atenci6p. Ellos son muy sensibles al contacto (toque respetuoso en el hombro, apretón de manos, abrazo, etc.).
• Mantengan su palabra. De otra forma, los índigos no los respetarán.
• Negocien cada situación en la que haya un desacuerdo o un posible conflicto.
• Dejen que sus reacciones y palabras le muestren amor, y no odio, rechazo o agresión.
• En caso de que sea necesario un regaño, discutan la situación generadora de la reprimenda después de ésta. Acérquese al niño y vea si hubo un aprendizaje y un crecimiento tras la reprimenda.
• Recuerden que el castigo no funcionará con estos niños. El castigo es diferente de la reprimenda. El castigo está basado en la culpa, mientras que la reprimenda se basa en un crecimiento o mejoramiento, es decir, en un avance espiritual.

Un tesoro en cada niño

Lo más importante es recordar que todos los niños merecen ser tratados como seres humanos valiosos, como la auténtica semilla de la nueva humanidad, con respeto y dignidad y en su justo valor, permitirles que resalten sus aptitudes, desarrollen su vocación y dejarlos ser. No importa si son o no índigo, de lo contrario sería menospreciar a una criatura que también es parte valiosa de nuestra especie y que tiene un papel importante que desempeñar en el juego de la vida.

Dicen los expertos en teología que a partir de una cierta edad y dentro de pocos años, todos los niños del planeta van a actuar como si fueran índigo; todos asumirán su rol dentro de las generaciones de relevo que habrán de construir una nueva Edad de Oro y traerán el Cielo a la Tierra. Será un efecto más de la masa crítica, una especie de imitación que eventualmente conducirá a la autenticidad. Bastará con que un cierto números de niños presenten características especiales, para que en breve tiempo todos los niños se equiparen, debido a ese maravilloso mecanismo natural de adaptación y empatía. Les sucederá como a la mayoría de los chicos que cuando, en edades tempranas, presentan marcadas diferencias en el aprendizaje, logran equiparar sus destrezas habilidades con muy leves diferencias.

En fin, los niños índigo no son una moda. Son una realidad que está obligando a cambiar nuestros sistemas de creencias y los esquemas de esta sociedad. Los nuevos niños exigen, también, padres y maestros que sean nuevos en sus perspectivas, en sus valores y en su forma de actuar y educar.

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