Acto de contrición Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Santísima Muerte alabada seáis celestial protectora invisible y visible, porque evitas el sufrimiento a la humanidad, así como las desgracias que merecemos por nuestros propios actos.
Padrenuestro
Padrenuestro que estás en el Cielo, Santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Santísima Muerte, alabada seáis celestial protectora invisible y visible, porque sin descanso luchas por nuestra salvación.
Avemaría
Dios te salve María, llena eres de gracia; el señor es contigo; bendita tú eres, entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Santísima Muerte, alabada seáis celestial protectora invisible y visible, porque pudiendo gozar de la omnipotencia de la presencia del Creador, regresas a ayudar y a proteger a tus hijos de menor evolución.
Gloria
Gloria al padre, al hijo, y al espíritu santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Muerte, alabada seáis celestial protectora invisible y visible, porque por amor a Dios sufres las consecuencias de los pecados de la humanidad, mitigando el dolor de haberlos cometido.
Jaculatorias
Puede usarse una de estas dos:
María, madre de gracia, madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
¡Oh, Jesús!, perdónanos nuestros pecados, sálvanos del fuego del infierno y guía todas las almas al Cielo, especialmente a aquellas que necesitan más de tu misericordia (Oración de Fátima).
Santísima Muerte, alabada seáis celestial protectora invisible y visible, porque Dios Padre te ha concedido la gracia de velar por almas y cuerpos.
Salve
Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos, los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea pues Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Oración
Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración por su piadosa intercesión, seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Santísima Muerte, alabada seáis celestial protectora invisible y visible, porque sufriendo nuestros dolores nos salvas del infierno terrenal.